Cómo se celebra la Navidad en el Reino Unido frente a Latinoamérica

Del pavo al mediodía al Boxing Day: las diferencias reales entre la Navidad británica y la latinoamericana, vistas por alguien que vive ambas.

Árbol de Navidad iluminado en Trafalgar Square, Londres
Imagen: The wub, vía Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 4.0.

Mi primera Navidad en Londres fue, para ser honesto, un poco desconcertante. Venía de una Nochebuena ruidosa, de pólvora, música a todo volumen y cena a la medianoche, y me encontré con un país que celebra en silencio, con la tienda cerrada desde el 24 en la tarde y las calles prácticamente vacías el 25. Con los años entendí que no es que celebren menos: celebran distinto.

En el Reino Unido, la Navidad se vive principalmente el 25 de diciembre, no el 24. La cena navideña —generalmente pavo asado, coles de Bruselas, “pigs in blankets” (salchichas envueltas en tocino) y el clásico Christmas pudding— se hace al mediodía del día de Navidad, no en la noche anterior. Y aquí viene lo que más sorprende a cualquier latino: el 26 de diciembre, Boxing Day, es prácticamente un segundo día festivo, dedicado a las rebajas y a visitar a la familia extendida, mientras que en Latinoamérica ese día ya es “resaca” de la fiesta grande del 24.

La mesa tiene además un ritual propio: los “Christmas crackers”, unos tubos de cartón envueltos como caramelos gigantes que dos personas tiran de cada extremo hasta que revientan con un pequeño estallido. Dentro hay un juguete, un chiste malo y una corona de papel que todos se ponen durante la comida. Los inventó el pastelero londinense Tom Smith a mediados del siglo XIX y hoy no hay mesa navideña británica sin ellos. A las tres de la tarde llega otra cita fija: el mensaje de Navidad del rey, una tradición que empezó Jorge V por radio en 1932.

Otra diferencia notable es el peso de lo religioso frente a lo familiar-comercial: mientras en gran parte de Latinoamérica la Nochebuena tiene un fuerte componente religioso (misa de gallo, pesebre, novena), en el Reino Unido la Navidad moderna es, para la mayoría, una fiesta familiar y de descanso, con la iglesia como opción y no como centro obligado de la noche.

Los regalos también cambian de protagonista y de horario. Aquí no los trae el Niño Dios a medianoche, sino Father Christmas, que llega durante la noche del 24 y deja los regalos en un calcetín grande colgado al pie de la cama o junto a la chimenea; los niños le dejan un pastelito de frutas, el “mince pie”, y una zanahoria para los renos. Tampoco existe el Día de Reyes: el 5 o 6 de enero, la “Twelfth Night”, es simplemente la fecha en que, según la tradición, hay que quitar los adornos para no tener mala suerte.

Para quien no quiera renunciar a su Navidad latina, Londres lo pone cada vez más fácil. En las tiendas latinas de zonas como Elephant and Castle o Brixton se consiguen harina de maíz para hallacas y tamales, buñuelos, natilla o panetón en diciembre, y muchas parroquias católicas de la ciudad celebran misas en español la noche del 24. Al final, muchas familias de la diáspora terminan haciendo las dos fiestas: la cena latina el 24 por la noche y el almuerzo británico el 25.

Lo que sí compartimos, sin importar el idioma, es esa sensación de pausa: el mundo entero se detiene un par de días, y ya sea con villancicos en inglés o en español, con pavo o con lechona, la Navidad sigue siendo esa excusa universal para juntarse con los que uno quiere. Después de varios años aquí, aprendí a combinar lo mejor de los dos mundos: mi propia Nochebuena a la latina el 24, y el roast del día de Navidad con amigos británicos el 25.

El análisis de Orlando

Buena parte de la Navidad británica tal como la conocemos tiene un origen real. El árbol de Navidad se popularizó en el Reino Unido gracias a la reina Victoria y al príncipe Alberto, de origen alemán: en 1848, un grabado de la familia real junto a un árbol decorado en el Castillo de Windsor, publicado por la prensa ilustrada, convirtió la costumbre en moda nacional. Desde entonces, la Corona ha marcado el tono de la Navidad del país.

Esa herencia alemana explica también un detalle curioso: en Sandringham, la familia real abre los regalos el 24 de diciembre por la tarde, como se hace en Alemania, y no la mañana del 25, como el resto de los británicos. Es decir, en ese punto concreto la Navidad de los Windsor se parece más a la latinoamericana que a la del resto de sus súbditos.

Mi lectura es que la mejor manera de vivir la Navidad siendo latino en el Reino Unido es no elegir. Las familias que mejor se adaptan son las que mantienen lo propio —la cena del 24, la Novena, la música— y suman lo británico, como el almuerzo del 25 o el mensaje del Rey a las tres de la tarde. La integración, en diciembre, se parece mucho a una mesa con dos menús.

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