Llegué al Reino Unido en 2000. Veintiséis años después, cuando miro mi trabajo como periodista en Londres, no encuentro una sola imagen que pueda explicarlo.
No me dedico a divulgar la familia real británica solamente porque sus protagonistas generen titulares.
Durante los días del fallecimiento y la despedida de Isabel II, hubo un detalle que me llamó especialmente la atención: la ropa de quienes informábamos.
Hay momentos en los que el trabajo de un periodista consiste en esperar, aunque tenga información que podría hacer estallar los titulares.
Buckingham vende su calendario de adviento por 12 libras y el de As Ever, la marca de Meghan, cuesta 112. Qué incluye cada uno, dónde comprar los de la Casa Real y por qué la comparación ha encendido la polémica.
La boda se celebró en Windsor y nosotros la cubrimos desde las calles de Londres. Esa es la primera precisión de esta historia y también su punto de interés.
Estuvimos cerca de la Abadía de Westminster para cubrir el funeral de Estado de Isabel II. Esa ubicación es el punto desde el que puedo contar mi experiencia.
Una de las dificultades de cubrir Trooping the Colour es precisamente su familiaridad.
Cubrir dos jubileos de Isabel II me permite mirar algo más que dos celebraciones. Entre uno y otro transcurrieron diez años de vida británica y diez años de mi trabajo en Londres.
Antes de convertirse en un vídeo, un titular o una noticia para nuestra audiencia, un acto de la familia real puede empezar de una forma mucho menos solemne: con un mensaje en el teléfono.