Llegué al Reino Unido en 2000. Veintiséis años después, cuando miro mi trabajo como periodista en Londres, no encuentro una sola imagen que pueda explicarlo. Hay un hospital, una valla, las inmediaciones de una abadía y las calles desde las que hemos contado acontecimientos reales. También hay un teléfono por el que recibimos información y una audiencia hispanohablante que espera comprender lo que sucede en un país que puede parecerle distante.
Mi experiencia empieza antes de esas coberturas. Soy periodista colombiano y mi relación con el oficio nació en la radio. Después llegaron la formación, el trabajo informativo y la vida en otro país. La llegada a Londres no borró ese recorrido; me obligó a encontrar una forma de continuarlo. Cambiaban los lugares y las referencias, pero seguía presente la necesidad de contar historias para otras personas.
Entre los medios con los que he trabajado en el Reino Unido estuvieron Caracol TV y Telemundo. Contar desde Londres para públicos de Colombia y de Estados Unidos exigía pensar en espectadores que no tenían por qué conocer las particularidades británicas. Esa distancia cultural se convirtió en parte de mi tarea: identificar qué necesitaba explicación y encontrar palabras que no dieran por sentado lo que aquí parecía evidente.

La monarquía ocupó un lugar importante en ese aprendizaje. Los nombres de sus miembros resultaban conocidos para muchas personas, pero su funcionamiento planteaba preguntas. Una boda, un nacimiento o un aniversario podían generar atención inmediata. Mi trabajo consistía en aprovechar esa curiosidad para ofrecer contexto: explicar los títulos, ordenar las fechas y situar cada acontecimiento dentro de una historia más amplia.
La espera por el nacimiento del príncipe George representa una parte de ese recorrido. Allí estábamos, detrás de una valla, con otros periodistas y fotógrafos que buscaban la mejor posición. Durante horas, la cercanía al hospital no resolvía nuestras preguntas. Hoy encuentro en esa experiencia una imagen del oficio: estar presente ayuda, pero la información necesita llegar y ser comprobada antes de convertirse en una certeza pública.
Los jubileos de Isabel II aportaron otra dimensión. Cubrir el de Diamante y, diez años después, el de Platino permite comparar dos momentos de una institución y dos etapas de mi propia trayectoria. El tiempo también transforma al periodista. Con cada cobertura acumulamos referencias y nuevas preguntas, aunque debemos evitar que la familiaridad sustituya la curiosidad que nos llevó inicialmente hasta el acontecimiento.
El funeral de Estado de la reina añadió una despedida a esa memoria profesional. Nuestra cobertura se desarrolló cerca de la Abadía de Westminster. Desde allí, debíamos explicar a la audiencia una jornada que tenía varias etapas y lugares. La magnitud histórica no eliminaba la importancia de los detalles: distinguir la capilla ardiente del funeral y el servicio londinense del entierro en Windsor seguía siendo indispensable.
Hay otra parte de esta experiencia que no cabe en una fotografía: la decisión de esperar antes de anunciar algo. Los contactos latinoamericanos que trabajaban en Palacio nos hicieron llegar señales durante las horas previas a la confirmación del fallecimiento. Reconocer el valor de esos datos y, al mismo tiempo, sus límites formó parte de nuestra responsabilidad. La confianza también se construye cuando evitamos afirmar más de lo que sabemos.

En Esto Debe Saber continúo ese trabajo de divulgación. Me interesa que una persona pueda acercarse a la familia real desde una pregunta sencilla y encontrar una explicación que le permita avanzar. La atención inicial puede nacer de un personaje o de una controversia. El valor periodístico aparece cuando conseguimos añadir algo: una distinción, un dato comprobado o una perspectiva que ayude a entender mejor.
Mis veintiséis años en Londres no me conceden acceso a todos los espacios ni conocimiento de todas las conversaciones. Me ofrecen experiencia para reconocer preguntas, comparar acontecimientos y saber desde dónde puedo contar. Esa es la perspectiva que quiero compartir en estas crónicas. Cada una parte de un lugar o de una decisión concreta y busca aportar algo que no puede obtenerse únicamente mirando un titular.
Todavía encuentro razones para seguir preguntando. Un mismo escenario puede albergar celebraciones y despedidas; una institución conocida puede mostrar facetas que necesitan explicación. Mi lugar está detrás de la noticia, trabajando para que llegue con claridad a quienes nos siguen en español. Después de veintiséis años, ese vínculo entre Londres y nuestra audiencia sigue siendo el centro de lo que hago.

