Brexit -contracción de “British exit”- es el nombre con el que se conoce la salida del Reino Unido de la Unión Europea, un proceso que como corresponsal en Londres me tocó cubrir desde el primer día del referéndo hasta sus consecuencias, que todavía hoy se siguen sintiendo. El 23 de junio de 2016, el Reino Unido votó en referéndum si debía permanecer en la Unión Europea o salir de ella; ganó la opción de salida, con un 51,9% de los votos frente a un 48,1% por la permanencia, en una de las decisiones políticas más divididas de la historia reciente británica.
El Reino Unido salió formalmente de la Unión Europea el 31 de enero de 2020, aunque siguió operando dentro del mercado único y la unión aduanera durante un período de transición que se extendió hasta la medianoche del 31 de diciembre de 2020, cuando entró en vigor el Acuerdo de Comercio y Cooperación entre el Reino Unido y la Unión Europea. Fue en ese momento, y no en 2016 ni en 2020, cuando empezaron a notarse los cambios prácticos.
Entre las consecuencias que todavía se sienten en 2026 están la fricción comercial -declaraciones de aduana, controles veterinarios y más papeleo para el transporte de mercancías, especialmente productos agroalimentarios-, y el fin de la libre circulación: los ciudadanos de la Unión Europea ya no tienen derecho automático a vivir y trabajar en el Reino Unido -reemplazado por un sistema de inmigración basado en puntos-, y los británicos perdieron ese mismo derecho automático en el resto de la Unión Europea. Desde 2025, bajo el gobierno de Keir Starmer, se han negociado algunos ajustes puntuales -un acuerdo veterinario y sanitario para aliviar los controles de alimentos, mayor cooperación en defensa y seguridad, y conversaciones sobre un esquema de movilidad juvenil-, aunque la libre circulación plena no ha vuelto.
Irlanda del Norte sigue siendo el punto más delicado del Brexit: el antiguo Protocolo de Irlanda del Norte fue sustituido por el llamado Windsor Framework, vigente desde febrero de 2023, que mantiene a Irlanda del Norte alineada con algunas normas del mercado único europeo para bienes, con el fin de evitar una frontera dura con la República de Irlanda, aun siendo parte del territorio aduanero del Reino Unido -una solución que sigue generando tensión política.
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Para quien quiera profundizar con una fuente neutral y oficial, la Comisión Europea mantiene una página propia sobre las relaciones entre la Unión Europea y el Reino Unido que resume bien el estado actual del acuerdo. Diez años después del referéndum, el Brexit sigue siendo, más que un evento cerrado, un proceso que el Reino Unido y la Unión Europea continúan ajustando.


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