El espectáculo de fuegos artificiales de Año Nuevo sobre el río Támesis es, según la propia organización London & Partners a través de VisitLondon.com, uno de los eventos de fin de año más vistos del mundo, transmitido a millones de hogares y disfrutado en vivo por cientos de miles de personas junto al río.
Desde la edición de 2014, la alcaldía de Londres exige entrada para acceder a las zonas oficiales de visualización junto al Támesis, entre el London Eye y el Big Ben, por la enorme demanda y por razones de seguridad. Las entradas no son gratuitas: para la última edición, la que dio la bienvenida a 2026, se pusieron a la venta unas 100.000 a través de Ticketmaster el 17 de octubre de 2025, a 20 o 35 libras para residentes de Londres y a 40 o 55 libras para el resto, según la zona. Se agotan en cuestión de horas, así que conviene registrarse en la web de la alcaldía para recibir el aviso de la fecha de venta.
La zona oficial se divide en sectores con colores, repartidos por el Victoria Embankment, los puentes de Westminster y Waterloo y la orilla del lado del London Eye, incluida una zona accesible junto al hospital de St Thomas. Las puertas abren a las ocho de la noche y conviene llegar pronto, porque una vez llenos los accesos se cierran. La próxima cita, la del 31 de diciembre de 2026, ya está confirmada.
Para quien no consigue entrada, la alternativa más socorrida entre residentes es buscar puntos elevados lejos del río, como Primrose Hill o el parque de Greenwich, desde donde se ven los fuegos a lo lejos, sobre el perfil de la ciudad, sin las aglomeraciones del centro. Hay que tener claro que no es la misma experiencia: sin el sonido y la música sincronizada, el espectáculo se disfruta mejor en directo por la BBC.
En mis primeros años cubriendo la vida londinense, cometí el error clásico de intentar llegar al Puente de Westminster sin entrada la noche del 31 de diciembre: nunca más. Desde entonces, mi recomendación a cualquier latino que me pregunta es siempre la misma: o se reserva entrada oficial con meses de anticipación, o se disfruta el espectáculo por televisión con una copa de algo caliente, que en Londres en pleno invierno no es mala opción.
Y para quien quiera recibir el año a la latina, las costumbres viajan bien. Las doce uvas, una por cada campanada (que en Londres pueden ser las del Big Ben, transmitidas en directo justo antes de los fuegos), la maleta para dar la vuelta a la manzana si se quiere viajar el año siguiente o la ropa interior amarilla para la buena suerte se mantienen en muchas casas latinas del Reino Unido. Los británicos, en cambio, cantan a medianoche “Auld Lang Syne”, una canción escocesa de despedida, tomados de los brazos en círculo.
Un dato útil: el transporte público ya no es gratuito en Nochevieja, como lo fue en algunos años, pero la mayoría de líneas de metro, el Elizabeth line, el DLR y los autobuses nocturnos funcionan toda la noche con la tarifa normal. Estaciones como Embankment, Westminster, Waterloo o Charing Cross pueden quedar solo de salida o cerrar temporalmente después de medianoche, así que es mejor alejarse caminando hacia Blackfriars o Cannon Street para volver a casa.


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