Bonfire Night (5 de noviembre): qué se celebra y por qué hay fuegos artificiales

Bonfire Night conmemora la fallida Conspiración de la Pólvora de 1605: por qué el Reino Unido se llena de fuegos artificiales cada 5 de noviembre.

Fuegos artificiales durante la celebración de Bonfire Night en el Reino Unido
Imagen: Llewee, vía Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 4.0.

Cada 5 de noviembre, cielos de todo el Reino Unido se iluminan con fuegos artificiales y hogueras. Para quien llega de Latinoamérica sin saber qué es Bonfire Night, la escena puede resultar desconcertante: no es una fiesta nacional oficial, no hay día libre, pero medio país sale a la calle o se reúne en el jardín con petardos.

La tradición conmemora un hecho histórico muy concreto: la Conspiración de la Pólvora de 1605, cuando Guy Fawkes y un grupo de conspiradores católicos intentaron hacer explotar el Parlamento británico y asesinar al rey Jacobo I. El plan fue descubierto la noche del 4 al 5 de noviembre, y desde entonces los británicos celebran que el atentado fracasó encendiendo hogueras —originalmente para quemar efigies de Fawkes— y lanzando fuegos artificiales.

Más allá de la pólvora, Bonfire Night tiene su propio folclore. Generaciones de escolares británicos han crecido recitando el verso “Remember, remember, the fifth of November”, que abre un poema del siglo XIX sobre la Conspiración de la Pólvora, y durante décadas los niños salían a pedir “a penny for the Guy” por las calles cargando muñecos de trapo que representaban a Fawkes —una costumbre hoy casi extinta, aunque algunos pueblos pequeños aún la mantienen—. En la mesa, la noche se asocia con comida de temporada muy concreta: manzanas acarameladas (toffee apples), el bizcocho especiado llamado parkin y patatas asadas envueltas en papel de aluminio (jacket potatoes) comidas junto a la hoguera.

Ciudades como Lewes, en el sur de Inglaterra, son famosas por organizar algunas de las celebraciones más elaboradas del país, con procesiones de antorchas y hogueras gigantes que atraen visitantes de toda la región.

No toda la isla lo celebra con la misma intensidad: en Escocia e Irlanda del Norte, donde el trasfondo histórico de la fecha —ligado a tensiones religiosas entre protestantes y católicos— resulta más sensible, la celebración suele tener un perfil más bajo que en Inglaterra, aunque los fuegos artificiales igualmente se escuchan en buena parte del país.

La primera vez que escuché fuegos artificiales sin previo aviso un 5 de noviembre en Londres, confieso que salí a la ventana pensando que algo grave ocurría; con los años entendí que es, simplemente, una de esas tradiciones que los británicos viven con total naturalidad, sin necesidad de que sea festivo oficial para tomarse en serio la pólvora.

Las cifras oficiales confirman que la precaución no es un consejo exagerado: según datos del NHS, solo en el periodo 2020/21 hubo 116 ingresos hospitalarios en el Reino Unido por lesiones relacionadas con fuegos artificiales, 21 de ellos en menores de 14 años, y entre 2015 y 2019 se registraron cerca de 3.591 visitas a urgencias en Inglaterra por el mismo motivo —los ojos, la cabeza y las manos son, según la Children’s Burns Trust, las zonas más afectadas—.

Un dato práctico para quien vive aquí: aunque no hay día libre, muchos ayuntamientos organizan espectáculos gratuitos de fuegos artificiales en parques públicos los fines de semana más cercanos al 5 de noviembre, una alternativa más segura y familiar que comprar pirotecnia particular.

El análisis de Orlando

La Conspiración de la Pólvora sigue viva en un ritual que pocos fuera del Reino Unido conocen: antes de cada apertura solemne del Parlamento, los Yeomen of the Guard, la guardia ceremonial más antigua de la Corona, registran simbólicamente los sótanos del Palacio de Westminster con faroles. Es un recuerdo directo de la noche de 1605 en la que Guy Fawkes fue sorprendido junto a los barriles de pólvora.

Para la comunidad latina, que viene de países con una relación muy distinta con la pirotecnia, vale la pena conocer las normas. En Inglaterra no se pueden usar fuegos artificiales entre las 11 de la noche y las 7 de la mañana, salvo en fechas concretas: en Bonfire Night el límite se amplía hasta la medianoche y en Nochevieja, hasta la una. Además, es ilegal venderlos a menores de 18 años y llevarlos en la vía pública si se es menor.

Mi lectura es que Bonfire Night es una de las mejores puertas de entrada a la identidad británica: una fiesta que celebra, en el fondo, que el Parlamento y el rey sobrevivieron. Entenderla ayuda a comprender por qué las instituciones ocupan un lugar tan central en la vida de este país.

Fuente oficial: Fuegos artificiales: la ley (GOV.UK)

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