Buñuelos colombianos, típicos de la Navidad

Esto debe saber sobre las comidas típicas de una Navidad en Latinoamérica (con Colombia como protagonista)

Llevo 26 años viviendo la Navidad europea, pero cada diciembre, sin falta, la memoria se me va a la mesa de mi infancia en Colombia. Y es que pocas tradiciones latinoamericanas se sostienen tanto sobre la comida como la Navidad: cada país, y dentro de cada país cada región, tiene su propio menú no negociable para el 24 de diciembre, heredado de generaciones y defendido con el mismo fervor con el que se defiende un equipo de fútbol.

En Colombia, todo empieza el 7 de diciembre, el Día de las Velitas, y sigue durante la Novena de Aguinaldos -nueve noches de oraciones y reuniones familiares, hasta la Nochebuena del 24-, con una pareja de postres que no falta en ninguna casa: los buñuelos y la natilla. El buñuelo es una bola frita de almidón de yuca y queso costeño, crujiente por fuera y salada por dentro; la natilla es un dulce de leche cuajado con panela y canela, a veces con pasas o coco, que se corta en cuadros. Se comen juntos, noche tras noche, casi como ritual paralelo a las oraciones de la Novena.

El otro gran protagonista de la mesa navideña colombiana es el tamal, aunque no hay un solo tamal: el tolimense (con arroz, cerdo y envuelto más plano) es el que más se asocia con la Nochebuena, pero el santandereano usa arveja amarilla entera y más hierbas, el paisa o antioqueño lleva papa en lugar de arroz, y el vallecaucano suele tener una masa más dulce. En Tolima, además, no hay Navidad sin lechona: un cerdo entero deshuesado, relleno con su propia carne, arroz y arveja, y asado durante horas hasta que la piel queda crocante -hoy un plato que se compra hecho en toda Colombia para el almuerzo familiar de estas fechas-. Y para cerrar la mesa de dulces, las hojuelas: láminas finas de masa de trigo, fritas y espolvoreadas con azúcar, que acompañan a los buñuelos y la natilla.

El resto de Latinoamérica tiene su propio menú, igual de sagrado. En México, el bacalao a la vizcaína y los romeritos con mole y camarones vienen de las tradiciones de vigilia católica de la Nueva España, y se acompañan con ponche navideño caliente, de guayaba, tejocote y canela. En Venezuela, la hallaca -un pariente más elaborado del tamal, con aceitunas, pasas y alcaparras envueltas en hoja de plátano- es el plato que reúne a toda la familia para prepararlo juntos días antes; se sirve con pan de jamón y ensalada de gallina. En Perú, el pavo asado ha desplazado a otros platos como plato principal, acompañado de panetón y chocolate caliente, que se sigue tomando incluso en pleno verano limeño por pura nostalgia. En Puerto Rico y el Caribe, el lechón asado y el arroz con gandules son la base, rematados con coquito, la versión local del eggnog hecha con ron y coco. Y en Argentina y Chile, donde la Navidad cae en pleno verano, el asado comparte mesa con el vitel toné de herencia italiana y el pan dulce, brindado con sidra.

Cada uno de estos platos cuenta, a su manera, la misma historia: la de comunidades que, estando lejos de casa como estamos tantos de nosotros en Londres, recrean esa misma mesa como pueden -con lo que se consigue en el mercado de Brixton o de Elephant and Castle-, para que la Navidad, aunque sea a miles de kilómetros de distancia, siga sabiendo a lo de siempre.

Imagen: John Alexis Guerra Gómez / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).

Sobre el autor: Orlando Mancini — corresponsal de la Familia Real Britanica con mas de 20 anos de experiencia en medios en Londres, excorresponsal de Caracol TV y NBC-Telemundo. Mas sobre nuestra redaccion y fuentes.

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