Tower Bridge, Londres

Tower Bridge: el puente que un autobús londinense saltó a medio abrir, y que hoy cruzamos sin pensarlo dos veces

Tower Bridge se construyó entre 1886 y 1894 para resolver un problema muy concreto: Londres necesitaba un cruce más al este del Puente de Londres para descongestionar el tráfico, pero sin cerrarle el paso a los grandes barcos que seguían subiendo hasta el Pool of London. La solución, diseñada por el arquitecto Horace Jones y el ingeniero John Wolfe Barry, fue un puente basculante: dos brazos de acero recubiertos de piedra en estilo neogótico victoriano que todavía hoy se levantan por dentro para dejar pasar embarcaciones más altas.

Sus pasarelas elevadas, pensadas originalmente para que los peatones cruzaran mientras el puente estaba levantado, terminaron ganándose mala fama por los carteristas y la prostitución que atrajeron, y estuvieron cerradas durante décadas hasta que reabrieron en 2014 como la actual exhibición con piso de cristal. El episodio más recordado de su historia ocurrió en 1952, cuando un autobús de dos pisos londinense, atrapado sobre uno de los brazos que empezaba a levantarse sin previo aviso, tuvo que acelerar y saltar literalmente el hueco que se abría bajo sus ruedas para no caer al Támesis; desde 1977, además, el puente luce sus colores rojo, blanco y azul actuales, pintados para el Jubileo de Plata de la reina Isabel II.

Para cualquier corresponsal que trabaje en esta ciudad, Tower Bridge es uno de esos fondos que uno usa una y otra vez para transmisiones en vivo -maratones, protestas, celebraciones de Año Nuevo-, y también uno de esos lugares donde los propios londinenses, pese a llevar toda la vida aquí, todavía se detienen a mirar cuando el puente se abre para dejar pasar un barco, algo que sigue ocurriendo con cierta regularidad y que tiene su propio calendario público.

Cruzarlo a pie es gratis, como cualquier puente público: se llega en pocos minutos desde las estaciones de Tower Hill o London Bridge. Para subir a las pasarelas y su piso de cristal, la llamada Tower Bridge Exhibition, la entrada para adultos cuesta alrededor de £18, con descuentos de unas £13,50 para mayores de 60 años, estudiantes y jóvenes de 16 a 17 años, y £9 para niños de 5 a 15 años. Abre todos los días de 9:30 a.m. a 6:00 p.m., con última entrada una hora antes del cierre, y aunque se puede reservar en línea con hasta ocho semanas de antelación, eso no garantiza entrar más rápido el día de la visita. Hay que calcular entre una hora y hora y media, y las mañanas de entre semana suelen ser las más tranquilas. La mejor foto se consigue desde Shad Thames o desde el paseo frente a City Hall, con las dos torres y el Támesis de fondo; y para algo distinto, el propio piso de cristal ofrece una vista vertical del tráfico pasando justo debajo de los pies.

Cada vez que veo el puente levantarse para dejar pasar un barco -algo que sigue sorprendiendo a más de un turista, y a algún despistado local-, pienso en aquel autobús de 1952 saltando el hueco, y en cuánto de la personalidad de esta ciudad cabe en esa sola anécdota: solemne por fuera, y siempre lista para una sorpresa por dentro.

Imagen: Lewis Clarke / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0).

Sobre el autor: Orlando Mancini — corresponsal de la Familia Real Britanica con mas de 20 anos de experiencia en medios en Londres, excorresponsal de Caracol TV y NBC-Telemundo. Mas sobre nuestra redaccion y fuentes.

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