Pocos edificios en el mundo condensan tanta historia en un solo lugar como la Torre de Londres. Guillermo el Conquistador empezó a construirla entre 1066 y 1078, apenas después de la conquista normanda, como una demostración de poder sobre una ciudad recién sometida; la Torre Blanca, su torreón original, quedó terminada hacia el año 1100 y todavía es el corazón del recinto. Durante los nueve siglos siguientes, la Torre fue palacio real, arsenal, casa de la moneda, zoológico real y, sobre todo, la prisión y el escenario de ejecución más temido de Inglaterra.
Por sus muros pasaron algunos de los nombres más conocidos de la historia británica: Ana Bolena, Catalina Howard y Lady Jane Grey fueron ejecutadas dentro del recinto, igual que Sir Thomas More; y en 1483 desaparecieron ahí, sin que nunca se resolviera del todo el misterio, los llamados “prícipes de la Torre”. Desde el siglo XVII se guardan también ahí las joyas de la corona británica, custodiadas hoy con el mismo rigor con el que se protege cualquier tesoro nacional, y que sigue siendo, año tras año, la razón principal por la que millones de visitantes hacen fila para entrar.
Hay una tradición que a nuestra audiencia siempre le llama la atención cuando la contamos: los cuervos de la Torre. Desde la época victoriana circula la leyenda de que, si esos cuervos alguna vez abandonan el recinto, la corona y la propia Torre caerán; por eso, todavía hoy, se mantienen oficialmente seis cuervos residentes, cada uno con nombre propio, bajo el cuidado de un guardián dedicado exclusivamente a ellos. Es de esas historias que uno cuenta en cámara y que, sin falta, generan más preguntas del público que la propia joya de la corona.
Visitarla hoy es mucho más sencillo que sobrevivir a un encarcelamiento medieval: la estación de Tower Hill, en las líneas District y Circle, deja prácticamente en la puerta, y también hay muelles de barco cerca para quien prefiera llegar por el río. La entrada para adultos ronda las £37 (o £40,70 si se añade la donación de Gift Aid), con descuentos de alrededor de £29,50-£32,50 para mayores de 65 años y estudiantes, cerca de £18,50 para niños de 5 a 15 años, y gratis para los menores de 5. Los horarios cambian según la temporada, pero en general abre de 9:00 a.m. a 5:30 p.m. de martes a sábado, desde las 10:00 a.m. los lunes y desde las 11:00 a.m. los domingos, con última entrada 45 minutos antes del cierre; conviene reservar en línea con antelación, sobre todo en fechas de vacaciones, porque los turnos más solicitados se agotan. Hay que calcular al menos dos o tres horas para el recorrido completo, e ir por la tarde entre semana si se quiere evitar las horas de mayor afluencia. Para la foto, el mejor ángulo es desde el propio Tower Bridge o desde el paseo ribereño cerca de City Hall, con la Torre Blanca y el puente en un mismo encuadre.
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Llevo años viendo cómo esta fortaleza medieval se ha convertido, casi sin darse cuenta, en una atracción de entradas con código QR y horarios reservados por internet -una prueba más de que hasta la historia más antigua de Londres ha tenido que aprender a convivir con la reserva digital-. Pero basta cruzar la puerta y ver la Torre Blanca de frente para que casi mil años de historia se sientan, otra vez, exactamente igual de imponentes.

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