De todas las preguntas que llegaron en la más reciente edición de Migración Sin Fronteras, la de Rosa Alvira, enfermera guatemalteca radicada en Birmingham, fue de las más sentidas. Su mamá tiene 79 años, vive sola en Guatemala, quedó con movilidad reducida tras una operación de cadera y ya no le quedan hermanos que puedan ayudarla allá. Rosa le paga a una cuidadora que va tres veces por semana, pero siente que ya no es suficiente. Su pregunta era, en el fondo, la de muchísimos hispanos en el Reino Unido: ¿existe alguna forma de traer a un padre o madre mayor a vivir aquí de manera permanente, y no solo de visita?
La respuesta de la abogada Laura Morales empezó con el nombre técnico de esa visa: Adult Dependent Relative. Y siguió, sin endulzar la noticia, con el dato que más le dolió a Rosa escuchar: es, en la práctica, casi imposible de conseguir. La última vez que el Home Office publicó cifras oficiales, de miles de solicitudes recibidas en un año, apenas aprobó alrededor de 17. “Es una visa que no es imposible, pero es casi imposible de conseguir”, resumió Morales en el programa.
¿Por qué tan pocas aprobaciones? Ahí está la parte que más sorprende a las familias. Para que el Home Office conceda esta visa, hay que demostrar que los cuidados que necesita el familiar no existen, o no están disponibles, en su país de origen. Y aquí viene la paradoja que atrapa a Rosa y a tantos otros: el simple hecho de estar pagándole a alguien para que cuide a su mamá en Guatemala juega en su contra, porque demuestra precisamente lo opuesto de lo que la visa exige. “Efectivamente, juega en tu contra”, confirmó la abogada.
Morales también aclaró qué pasa si esa visa no procede: la madre de Rosa podría entrar como visitante y quedarse hasta 180 días, pero esa estadía no se puede extender ni renovar estando ya dentro del Reino Unido. La única alternativa sería sacarla del país y volver a traerla, ciclo que se repite cada seis meses, sin superar nunca esa cantidad de días de manera consecutiva. Existe además la posibilidad de una visa de turismo de larga duración, de hasta diez años, pero funciona bajo la misma lógica: entradas de máximo 180 días cada vez, nunca una permanencia continua.
Y aquí llegó, quizás, el consejo más importante de toda la respuesta: si una familia intenta primero la Adult Dependent Relative con una evidencia débil y el Home Office la rechaza, conseguir después una simple visa de turismo se vuelve todavía más difícil, casi imposible, porque para esa visa hay que demostrar justamente que la persona es independiente y que regresará a su país al terminar la visita. Pedir antes que venga a vivir permanentemente porque su hijo la debe cuidar, y luego pedir una visa de turista alegando lo contrario, resulta contradictorio ante los ojos de inmigración.
La recomendación de la licenciada Morales para Rosa —y para cualquiera en su misma situación— fue evaluar con calma si los cuidados que necesita su madre son, por ahora, principalmente físicos y temporales por la recuperación de la cadera. Si es así, quizás la ruta más realista sea traerla por periodos largos con visa de turismo, mientras se le sigue pagando la atención médica en su país de origen, en lugar de arriesgar una aplicación que, estadísticamente, casi nunca se aprueba.
¿Vive una situación parecida con un padre o madre que necesita cuidados? Cuéntenos su caso al WhatsApp de Migración Sin Fronteras, 07497 92 9750, y la licenciada Laura Morales lo evaluará en una próxima edición del programa.