Cómo se arman los rankings de viaje (Lonely Planet, National Geographic): guía para leerlos con criterio

Lonely Planet y National Geographic publican cada año sus listas de mejores destinos: así se elaboran realmente y cómo interpretarlas sin tomarlas como verdad absoluta.

Vista desde la ventanilla de un avión sobrevolando las nubes
Imagen: Lisa Kikuchi, vía Wikimedia Commons. Licencia CC BY-SA 4.0.

Cada año, publicaciones como Lonely Planet y National Geographic lanzan sus listas de “mejores destinos”, y cada año esas listas generan titulares, orgullo nacional y también, a veces, cierta confusión sobre qué significan realmente esos rankings.

Lonely Planet, por ejemplo, elabora su “Best in Travel” reuniendo a un panel de editores, escritores de viajes y colaboradores locales que proponen destinos en función de novedades relevantes para ese año: una nueva conexión aérea, un evento cultural, una reapertura patrimonial o un fenómeno natural puntual, según explica la propia metodología publicada por la editorial.

National Geographic, por su parte, construye su lista “Best of the World” apoyándose en las recomendaciones de su red de fotógrafos, exploradores y periodistas especializados repartidos por el planeta, con un peso importante en criterios de sostenibilidad y autenticidad cultural.

Las listas editoriales no son las únicas. Otras se construyen con votos o encuestas: la edición británica de Condé Nast Traveller armó sus Readers’ Choice Awards 2025 con más de 182.500 respuestas de lectores del Reino Unido, y Time Out elabora su ranking de mejores ciudades preguntando a quienes viven en ellas, más de 24.000 residentes de 150 ciudades en la edición 2026. Un tercer grupo, como los premios Travelers’ Choice de Tripadvisor, se basa en las reseñas que dejan los viajeros en la plataforma. En gastronomía, listas como The World’s 50 Best Restaurants dependen del voto de una academia de cocineros, críticos y viajeros especializados.

Esa diferencia de método explica por qué los resultados cambian tanto de una lista a otra. En el ranking de Time Out para 2026, que mide cómo valoran los propios habitantes su comida, su cultura, su costo de vida y su felicidad, Melbourne quedó primera, Londres cuarta y Ciudad de México séptima, la única latinoamericana entre las diez primeras. Una lista editorial, en cambio, premia sobre todo la novedad: un destino puede entrar porque abre un museo o estrena un vuelo directo, aunque no haya cambiado en lo esencial.

Ninguna de estas listas funciona como un ranking científico objetivo: son curatorías editoriales, con las inevitables preferencias y sesgos de quienes las elaboran. Eso no las hace inútiles —al contrario, suelen anticipar tendencias reales de la industria—, pero conviene leerlas como una sugerencia informada, no como una verdad absoluta.

Para leer cualquier ranking con criterio, basta con hacerse cinco preguntas. Qué mide (novedad, calidad de vida o satisfacción del visitante). Quién decide (editores, residentes, lectores o usuarios de una plataforma). Cuántas personas participaron. Si la publicación declara acuerdos comerciales con oficinas de turismo o marcas. Y para qué año fue hecha, porque estas listas suelen publicarse en otoño y pensando en la temporada siguiente. Con esas respuestas, el puesto número uno deja de ser un veredicto y pasa a ser un dato más.

Para América Latina, aparecer en estas listas sí tiene efectos prácticos. Los ministerios y oficinas de turismo las usan en sus campañas internacionales, las aerolíneas las citan para promocionar rutas y muchos viajeros las toman como punto de partida. Este año hemos analizado varios casos desde Londres: Perú y Ciudad de México en la lista de Lonely Planet, y los destinos latinoamericanos del Best of the World de National Geographic. En cada uno conviene cruzar el ranking con datos concretos: vuelos desde el Reino Unido, temporada de lluvias, costos y requisitos de entrada.

Después de años cubriendo tanto la vida real británica como el mundo del turismo desde Londres, mi consejo personal es siempre el mismo: usar estas listas como punto de partida para investigar, no como destino final de la decisión. La mejor guía de viaje sigue siendo cruzar varias fuentes y, cuando se puede, la experiencia de alguien que ya estuvo allí.

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