Buckingham Palace es, desde 1837, cuando la reina Victoria se convirtió en la primera monarca en vivir ahí, la residencia oficial y el centro administrativo de la monarquía británica en Londres. Ahí se reciben las visitas de Estado, se realizan las investiduras y se celebran las garden parties reales -razón por la cual, entre quienes cubrimos la corona británica, se volvió casi un lugar común llamarlo, cariñosamente, “la oficina de la reina”. No era una metáfora exagerada: literalmente, ahí es donde la institución hace buena parte de su trabajo diario.
A lo largo de mi carrera reporteando desde Londres, el Palacio de Buckingham fue escenario de un número de transmisiones que ya perdí la cuenta de contar: anuncios oficiales, cambios en la familia real, coberturas de visitas de mandatarios extranjeros, y por supuesto, los grandes hitos de la monarquía que exigían plantarse frente a sus rejas doradas con un micrófono en la mano, sin importar si llovía o si había que esperar horas para una imagen de pocos segundos.
Quien quiera ir a verlo con sus propios ojos tiene dos experiencias distintas para elegir. La primera, gratuita y disponible los 365 días del año, es simplemente acercarse a la explanada y las rejas del palacio, a pocos minutos caminando de las estaciones de Green Park o St James’s Park. La segunda es entrar: las Habitaciones de Estado solo abren al público durante la temporada de verano, aproximadamente entre julio y septiembre, con una entrada para adultos desde unas £33 si se compra con antelación en línea a través de la web oficial del Royal Collection Trust -el mismo día, en la puerta, suele salir más cara-. Para la foto que mejor resume este lugar, el punto de referencia es siempre el Victoria Memorial, esa rotonda justo enfrente del palacio desde donde se ve el edificio completo de fondo.
Lo curioso de trabajar frente a Buckingham Palace es que uno termina aprendiendo su ritmo casi como si fuera parte del personal: a qué hora suele haber más movimiento, en qué puntos de la reja se consigue el mejor ángulo, cómo se comporta la multitud cuando corre el rumor de que “algo va a pasar” en el balcón. Ese edificio, tan solemne visto desde lejos, se convierte en un lugar de trabajo con su propia lógica cuando uno lo cubre semana tras semana.
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Millones de turistas se toman una foto cada año frente a esas rejas sin saber que, para un puñado de corresponsales que cubrimos la realeza británica para América Latina, ese mismo lugar fue, durante años, una segunda oficina tan real como cualquier redacción.
Imagen: Fatih Renkligil / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).


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