Abadia de Westminster, Londres

La Abadía de Westminster: el escenario de bodas, funerales y villancicos reales que también fue mi lugar de trabajo

Hay pocos edificios en el mundo que hayan sido testigos de tanta historia real concentrada en un mismo espacio como la Abadía de Westminster. Ahí se casaron Isabel II y Felipe en 1947, la princesa Margarita con Antony Armstrong-Jones en 1960, el príncipe Andrés con Sarah Ferguson en 1986, y el príncipe William con Catherine Middleton en 2011. Ahí también se despidió a la Reina Madre en 2002 y, de manera mucho más íntima, a la princesa Diana en 1997. La Abadía es, en pocas palabras, el escenario oficial de la vida y la muerte de la monarquía británica.

Desde 2021, además, la Abadía acoge cada diciembre un servicio de villancicos que la propia Catalina, Princesa de Gales, impulsó y preside: “Together at Christmas”, transmitido por televisión y convertido rápidamente en una cita fija del calendario navideño real, centrado en la comunidad y la gratitud más que en el protocolo puro. Haber cubierto alguna de esas ediciones, con el interior de la Abadía iluminado por velas y música coral, es de esas coberturas que quedan grabadas más por la atmósfera que por la noticia en sí.

Visitarla por cuenta propia es, afortunadamente, mucho más sencillo que colarse en una boda real: la estación de Westminster deja a unos 300 metros de la entrada. La Abadía abre de lunes a sábado, de 9:30 a.m. a 3:30 p.m. aproximadamente, aunque puede cerrar sin previo aviso por algún servicio especial, y permanece cerrada a las visitas turísticas los domingos, un día que se reserva por completo a los servicios religiosos -a los que, dicho sea de paso, sí se puede asistir gratis-. La entrada para adultos ronda las £31, con descuentos hasta £28 para mayores de 65 años y estudiantes, £14 para niños de 6 a 17 años y gratis para los menores de 6; conviene comprarla en línea con antelación, porque la disponibilidad en la puerta suele ser limitada. Para el recorrido de las áreas principales hay que calcular entre una y dos horas, y el mejor momento para ir con calma es a media mañana, entre martes y jueves, apenas después de la apertura.

Trabajar frente a la Abadía de Westminster, o dentro de su perímetro cuando el evento lo permitía, siempre implicaba lo mismo: llegar temprano, entender la logística de seguridad -que ahí es especialmente estricta- y aceptar que uno es un privilegiado observador de rituales que llevan siglos repitiéndose casi sin cambios. Pocos lugares me han hecho sentir tan pequeño, en el buen sentido, frente al peso de la historia.

Cada vez que un turista se detiene frente a sus torres gemelas para tomarse una foto, está frente a un edificio que ha visto pasar coronaciones, bodas, funerales y villancicos reales -y que, para quienes trabajamos cubriendo a la monarquía británica para el público hispano, terminó siendo también una extensión más de nuestra oficina.

Imagen: Interfase / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).

Sobre el autor: Orlando Mancini — corresponsal de la Familia Real Britanica con mas de 20 anos de experiencia en medios en Londres, excorresponsal de Caracol TV y NBC-Telemundo. Mas sobre nuestra redaccion y fuentes.

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