Cuando el luto también viste la noticia

Durante los días del fallecimiento y la despedida de Isabel II, hubo un detalle que me llamó especialmente la atención: la ropa de quienes informábamos.

Orlando Mancini con micrófono de Telemundo frente al Parlamento británico
Orlando Mancini informa para Telemundo sobre el nacimiento del bebé real, en 2013. Foto: archivo de Orlando Mancini.

Durante los días del fallecimiento y la despedida de Isabel II, hubo un detalle que me llamó especialmente la atención: la ropa de quienes informábamos. Trajes oscuros, corbatas negras, vestidos y conjuntos sobrios acompañaban las transmisiones. El luto no aparecía únicamente en las imágenes de la familia real. También formaba parte de la manera en que los medios presentaban una noticia que había cambiado el curso de la historia británica.

Como periodista y presentador, sé que la comunicación comienza antes de la primera frase. La audiencia recibe un conjunto: las palabras, la voz, la expresión y la imagen. La vestimenta participa de ese lenguaje. En una cobertura de duelo, puede ayudar a establecer un tono de respeto y evitar que la apariencia del comunicador compita con la gravedad de lo que está contando.

En la televisión británica, esa sobriedad tenía una preparación editorial. El 8 de septiembre de 2022, Huw Edwards apareció en la BBC con traje oscuro, camisa blanca y corbata negra. La cobertura de aquella jornada documentó que esa elección respondía al código de vestimenta de la cadena para informar del fallecimiento de un miembro de la familia real. También otros profesionales aparecieron con prendas oscuras.

Es importante explicar el alcance de esa norma. No existía una orden de Buckingham que obligara a todos los periodistas del planeta a vestirse de negro. Los medios tienen criterios propios, y las circunstancias de una presentación en estudio no son idénticas a las de un reportero trabajando en exteriores. La ropa de luto se entiende mejor como una combinación de normas editoriales, tradición y respeto hacia el acontecimiento.

En el caso de los hombres, el traje oscuro y la corbata negra o sobria ofrecen una forma reconocible de expresar ese tono. Para las mujeres, los vestidos, trajes y conjuntos negros cumplen una función semejante. No hay una única prenda indispensable para todas las profesionales. Lo fundamental es la coherencia de la presentación con la cobertura y con los criterios establecidos por cada medio.

El negro tiene una asociación con el duelo ampliamente reconocida en contextos británicos y latinoamericanos. Esa conexión facilita que la audiencia interprete la imagen sin necesidad de una explicación adicional. Sin embargo, las costumbres varían entre culturas y personas. Conviene evitar la idea de que un color permite medir, por sí solo, cuánto respeto siente alguien o cuál es su postura ante la monarquía.

Lo que me resultó especialmente grato fue observar que esa sobriedad trascendió las fronteras británicas. Durante aquellas jornadas vi transmisiones de canales latinoamericanos cuyos presentadores también empleaban ropa de luto. Isabel II no era su soberana. Aun así, habían elegido una presentación que acompañaba la dimensión de la noticia y que, desde mi perspectiva, expresaba consideración hacia la reina y su trayectoria.

No puedo atribuir a todas esas redacciones una misma motivación ni afirmar qué instrucciones recibió cada presentador. Lo que puedo contar es lo que observé y cómo lo interpreté. Para mí, aquel gesto mostraba que la figura de Isabel II había adquirido una presencia internacional capaz de generar expresiones de respeto mucho más allá de los países donde ejercía como jefa de Estado.

Había algo conmovedor en esa coincidencia visual. Quienes informaban desde América Latina podían adoptar la sobriedad de una cobertura británica sin compartir su relación constitucional con la Corona. El respeto no necesitaba una pertenencia nacional. Podía surgir del reconocimiento de un reinado excepcionalmente largo y de una figura que había acompañado la memoria pública de varias generaciones.

También hay que preservar una distinción periodística. Vestirse de negro para cubrir un funeral no convierte al comunicador en defensor de la institución a la que pertenecía la persona fallecida. La sobriedad puede convivir con preguntas críticas sobre la monarquía, su financiación o su historia. Mostrar consideración ante una muerte y mantener independencia informativa son responsabilidades compatibles.

Después de veintiséis años en Londres, esas jornadas me recordaron cuánto puede comunicar un detalle aparentemente pequeño. La ropa no sustituye la precisión, la preparación ni la calidad de una transmisión. Pero sí puede acompañarlas. En aquel despliegue internacional de prendas oscuras vi una forma silenciosa de reconocer la importancia de Isabel II: antes de hablar de su despedida, muchos periodistas ya habían elegido cómo presentarse ante ella.

Fuentes consultadas

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