Entrada de las Churchill War Rooms, Londres

El búnker de Churchill: la sala de guerra que dirigió al Reino Unido, y la azotea donde el premier prefería ver caer las bombas

En el corazón del barrio de gobierno de Londres, entre Whitehall y St James’s Park, hay una entrada discreta en Clive Steps, King Charles Street, que baja hacia uno de los lugares más impresionantes que he visitado en mis años cubriendo esta ciudad: las Churchill War Rooms, el búnker subterráneo desde donde Winston Churchill y su gabinete de guerra dirigieron al Reino Unido entre el 27 de agosto de 1939 y el 16 de agosto de 1945. Ahí abajo, el gabinete se reunió 115 veces; ahí están todavía la Sala del Mapa, la habitación-oficina de Churchill y hasta el viejo cuarto de las mecanógrafas.

Lo que pocos turistas saben, y lo que a mí más me ha sorprendido contar a lo largo de los años, es que Churchill no siempre se quedaba abajo, a salvo. Según el relato de su propio guardaespaldas, el detective Walter H. Thompson, el primer ministro subía con frecuencia a la azotea del edificio -el mismo edificio bajo el cual estaba su búnker- para observar personalmente los bombardeos alemanes sobre Londres durante el Blitz, en lugar de refugiarse en el sótano como le recomendaban sus escoltas. Vestido con su “siren suit”, su capote de la RAF y un casco de acero, cigarro en mano, Churchill veía caer las bombas y arder la ciudad. Cuando Thompson le insistía en que bajara, la respuesta que se le atribuye fue tan suya como su terquedad: “cuando me llegue la hora, llegará”.

Historiadores y medios especializados coinciden en que el hábito fue real -no una leyenda inventada después-, aunque los detalles más cinematográficos de cada noche específica dependen sobre todo del testimonio de quien lo acompañaba. Da igual: la imagen de un primer ministro subiendo a mirar de frente los bombardeos, en vez de esconderse, dice tanto de Churchill como cualquier discurso suyo.

Las Churchill War Rooms abrieron al público en 1984 y hoy son administradas por el Imperial War Museum, que recibe a más de medio millón de visitantes al año en este sitio. Para entrar hay que caminar unos cuatro minutos desde la estación de Westminster, y conviene reservar la entrada en línea con antelación en la propia web del Imperial War Museum, porque las visitas en persona suelen tener menos disponibilidad. El precio para un adulto ronda las £34; hay concesiones de alrededor de £30,60 para mayores de 65 años y estudiantes, cerca de £17 para niños de 5 a 15 años, y entrada gratuita para los menores de 5. El museo abre todos los días, normalmente de 9:30 a.m. a 6:00 p.m., con última entrada una hora antes del cierre, y solo cierra el 24, 25 y 26 de diciembre. Hay que calcular entre dos y dos horas y media para recorrerlo con calma, e ir temprano y entre semana si se quiere evitar las horas de mayor afluencia.

Cada vez que bajo esas escaleras para grabar algún reportaje, pienso en esa azotea que no está en el recorrido turístico, pero que explica mejor que cualquier sala del museo el carácter del hombre que lideró a los británicos en su hora más oscura.

Imagen: Jenny Poole / Wikimedia Commons (CC BY 2.0).

Sobre el autor: Orlando Mancini — corresponsal de la Familia Real Britanica con mas de 20 anos de experiencia en medios en Londres, excorresponsal de Caracol TV y NBC-Telemundo. Mas sobre nuestra redaccion y fuentes.

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