Fachada de Clarence House, residencia real en Londres

La llamada que no se hizo

Treinta segundos. Ése era el coste. Una conversación telefónica de medio minuto para decir: vamos a volver, prefiero que lo sepas por mí. No hacía falta pedir permiso —nadie necesita permiso para elegir dónde criar a sus hijos—, ni…
The Mall con el Victoria Memorial y el Palacio de Buckingham al fondo

La puerta que nadie abrió

El duque de Windsor se pasó treinta y cinco años intentando volver. Regresó a Inglaterra en contadas ocasiones —funerales, casi siempre— y en ninguna de ellas obtuvo lo que de verdad perseguía: un cometido. Algo que hacer con el apellido.