Ni siquiera sus reliquias militares logran atraer compradores

Ni siquiera sus reliquias militares logran atraer compradores

Los problemas de imagen que rodean a Andrew Mountbatten-Windsor parecen haber alcanzado incluso algunos de los recuerdos más emblemáticos de su pasado militar. Unos guantes de vuelo utilizados por el ex duque de York durante la Guerra de las Malvinas quedaron sin vender en una subasta, pese a que se esperaba que despertaran gran interés entre coleccionistas de objetos históricos relacionados con la Familia Real británica.

Los guantes de cuero, visiblemente desgastados por las operaciones aéreas realizadas en 1982, habían sido firmados por Andrew y donados originalmente para una subasta benéfica poco después del conflicto. Tras permanecer más de cuatro décadas en manos de su propietario, volvieron al mercado con una estimación de entre 1.000 y 2.000 libras esterlinas. Sin embargo, el resultado sorprendió a muchos: no hubo ofertas y el lote no alcanzó el precio de reserva.

Los expertos consideran que el escaso interés refleja el profundo deterioro de la reputación pública del hijo de la fallecida reina Isabel II. James Grinter, subastador de Reeman Dansie, explicó que en los años posteriores a la guerra Andrew era una de las figuras más populares de la realeza británica y gozaba de un enorme respeto por su servicio militar.

Durante la campaña de las Malvinas, Andrew sirvió a bordo del HMS Invincible, pilotando helicópteros Sea King en misiones antisubmarinas, operaciones de distracción contra misiles Exocet y evacuaciones médicas. En aquella época fue considerado un oficial prometedor y un piloto altamente valorado por sus superiores.

No obstante, las controversias surgidas durante los últimos años, especialmente las relacionadas con Jeffrey Epstein, han cambiado radicalmente la percepción pública sobre su figura. Los subastadores reconocieron que el mercado considera actualmente estos objetos demasiado sensibles, lo que habría influido directamente en la falta de compradores.

El contraste resultó aún más llamativo porque, durante la misma subasta, una carta escrita por Diana, princesa de Gales, alcanzó más de 5.000 libras esterlinas, demostrando que el interés por determinados recuerdos de la realeza sigue siendo extraordinariamente fuerte cuando las figuras involucradas conservan una imagen positiva entre el público.

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