La monarquía británica acaba de protagonizar uno de los cambios más significativos de los últimos tiempos. El rey Carlos III ha decidido que ni él ni la reina Camila vivirán en el Palacio de Buckingham, poniendo fin a una tradición que se había mantenido prácticamente intacta desde el reinado de la reina Victoria en el siglo XIX.
Clarence House seguirá siendo la residencia oficial de los soberanos en Londres incluso después de que concluyan las extensas obras de renovación del Palacio de Buckingham, un proyecto que ha supuesto una inversión cercana a los 370 millones de libras esterlinas.
La decisión fue confirmada dentro del informe anual sobre las finanzas reales y representa un cambio histórico en la forma en que la Corona utilizará sus propiedades más emblemáticas. El rey considera que Buckingham debe desempeñar un papel más orientado al servicio público y a la actividad institucional que al uso privado de la familia real.
Aunque Carlos y Camila conservarán apartamentos privados dentro del recinto y seguirán utilizando sus oficinas en el palacio, su hogar principal continuará siendo Clarence House, donde residen desde hace más de dos décadas. El Palacio de Buckingham seguirá acogiendo ceremonias oficiales, recepciones de Estado y eventos de gran relevancia nacional e internacional.
La noticia coincide con otro anuncio sin precedentes: Carlos reveló públicamente que pagó 12,9 millones de libras en impuestos durante el último ejercicio fiscal, convirtiéndose en el primer monarca británico en hacerlo. Esta política forma parte de una estrategia más amplia para proyectar una monarquía moderna, transparente y adaptada a las exigencias del siglo XXI.
Además, diversas fuentes indican que el príncipe William tampoco tendría intención de instalarse en Buckingham cuando llegue al trono, consolidando así una transformación histórica en la forma de entender la residencia real más famosa del mundo.

