Frente al extremo norte de Hyde Park, junto a las verjas de Kensington Gardens y la estación de metro de Lancaster Gate, se levanta un hotel de 18 plantas que lleva más de medio siglo siendo parte del paisaje social de Londres: el Royal Lancaster London, conocido simplemente entre quienes trabajamos ahí como “el Lancaster”. Es, además, uno de los escenarios donde más veces he tenido el honor de subir a un escenario, no como reportero sino como anfitrión.
El hotel abrió el 1 de agosto de 1967, como el primer y más grande hotel de The Rank Organisation en Londres, diseñado por el arquitecto Richard Seifert. Tiene 411 habitaciones repartidas en 18 pisos, y en la última de ellas, la suite Royal, las ventanas se abren directamente sobre las copas de los árboles de Hyde Park. En 2017 se sometióa una renovación de 80 millones de libras que le devolvió el brillo sin quitarle su historia: en 1968 ahí celebraron los Beatles la fiesta de estreno de la película Yellow Submarine, con una discoteca temática de submarino y todos los invitados vestidos de amarillo, y en ese mismo año se rodaron escenas de la película The Italian Job, cuyo protagonista sigue dándole al hotel parte de su fama de escenario “swinging sixties”. Fue también en un evento del hotel, en 1976, donde el actor Cary Grant conoció a quien sería su última esposa.
Pero para mí, el Royal Lancaster tiene un significado más personal. Ahí he sido anfitrión de varias galas benéficas y de reconocimiento a la comunidad y a los empresarios latinos en el Reino Unido, celebrando el trabajo de quienes han construido un espacio para nuestra gente en esta ciudad, muchas veces lejos del reflector con el que se cubre a la realeza. Ese mismo hotel, con salones capaces de recibir hasta 1.700 personas, fue recientemente escenario de los WellChild Awards, la gala benéfica que reconoce a niños con enfermedades graves y a quienes los cuidan, y que contó, como cada año, con la presencia del príncipe Harry, patrono de la organización desde hace más de dos décadas.
Hay algo simbólico en que un mismo salón sirva, en noches distintas, para celebrar tanto a la realeza británica como a la comunidad latina que ha hecho de Londres su casa. Cada vez que regreso al Royal Lancaster, ya sea con micrófono en mano o con corbata de gala, sigo sintiendo ese mismo orgullo: el de ver a los nuestros reconocidos en los mismos salones donde también se celebra la tradición británica.
Imagen: archivo personal de Orlando Mancini.
