La aparente armonía que rodeó el compromiso entre el príncipe Harry y Meghan Markle escondía tensiones mucho más profundas de lo que el público percibía. Según revela una reciente biografía, la propia Isabel II aconsejó a su nieto esperar antes de dar el paso definitivo, una recomendación que, lejos de ser tomada en cuenta, fue ignorada en favor de una boda acelerada.
El biógrafo Hugo Vickers sostiene en su nuevo libro que la monarca expresó reservas desde etapas tempranas de la relación. Incluso según su relato, su opinión se extendía a detalles simbólicos como el vestido de novia, reflejando una actitud distante frente al enlace. A pesar de ello, Meghan fue inicialmente acogida con entusiasmo, participando en eventos familiares como la Navidad en Sandringham, algo poco habitual para una prometida real.
Sin embargo, tras ese recibimiento cálido comenzaron a aflorar inquietudes en figuras clave de la familia. príncipe Felipe habría mostrado escepticismo, mientras que príncipe William recomendó a su hermano tomarse más tiempo, consejo que derivó en una grieta entre ambos. Por su parte, rey Carlos III mantenía una postura prudente, sugiriendo cautela antes de formalizar la relación.
La rapidez del compromiso —anunciado en noviembre de 2017 y sellado apenas seis meses después— terminó siendo, según se desprende de la información publicada, el inicio de un deterioro progresivo. Para 2019, las señales de incomodidad eran evidentes, y en 2020 el llamado “Megxit” confirmó la ruptura.
El relato concluye con una reflexión que resuena: la Reina, según allegados, nunca comprendió del todo la decisión de Harry de abandonar sus deberes, dejando una pregunta en el aire sobre lo que pudo haber sido distinto si aquel consejo inicial hubiese sido escuchado.

