La decisión de Beatriz de York y Eugenia de York de no asistir a la misa de Pascua en Windsor no es un simple cambio de agenda: es el reflejo más reciente de una crisis que vuelve a poner contra las cuerdas a la monarquía británica. En un momento en que la familia real busca proyectar estabilidad, su ausencia introduce una nota de tensión difícil de ignorar.
Según señala el medio The Sun, ambas princesas han optado por mantenerse al margen mientras continúan las repercusiones del escándalo que envuelve a su padre, el controvertido príncipe Andrés. Se desprende de la información publicada que esta decisión llega tras semanas de conmoción interna, marcadas por revelaciones, investigaciones y conversaciones de alto nivel dentro del entorno del rey Carlos III.
La misa de Pascua, presidida por el monarca en la capilla de San Jorge, suele ser una de las imágenes más simbólicas de unidad familiar. Este año, sin embargo, estará inevitablemente marcada por ausencias y silencios. Mientras figuras como príncipe William y la princesa de Gales se preparan para asistir, la decisión de las hijas de Andrés refuerza la sensación de fractura.
En paralelo, el contexto que rodea a su padre continúa agravándose. Investigaciones vinculadas al caso de Jeffrey Epstein han reavivado el escrutinio público, con documentos y acusaciones que, aunque negadas por Andrés, siguen proyectando una sombra persistente. A ello se suman movimientos políticos y legales que podrían redefinir su posición dentro de la línea de sucesión.
Lejos del foco mediático, el exduque permanece en Sandringham, en una imagen cada vez más aislada. Mientras tanto, sus hijas parecen optar por la discreción, en un intento de proteger no solo su imagen, sino también su futuro dentro de una institución que enfrenta uno de sus momentos más delicados.


