El rey Carlos no tiene previsto alterar ni un solo compromiso de su agenda oficial esta semana, pese al inminente regreso del príncipe Harry al Reino Unido y a las crecientes especulaciones sobre un posible encuentro familiar que ahora parece más lejano que nunca.
El duque de Sussex aterrizará en Londres sin Meghan Markle, Archie y Lilibet, después de decidir que no era seguro trasladar a su familia a la capital británica. La decisión ha supuesto un duro revés para el monarca, que albergaba la esperanza de reencontrarse con sus nietos menores, a quienes apenas ha visto desde que Harry y Meghan abandonaron sus funciones reales y se trasladaron a Estados Unidos.
Según señala Mirror, fuentes cercanas al Palacio describen toda la situación como “agotadora”, especialmente por los continuos cambios de planes y la incertidumbre que ha rodeado la visita durante los últimos días. Se desprende de la información publicada que Carlos continúa centrado en una intensa agenda de compromisos públicos y reuniones privadas, sin intención de reorganizarla para acomodar una posible reunión de última hora.
La tensión se ha visto agravada por la disputa sobre la seguridad. Harry habría quedado profundamente decepcionado tras conocer que no recibiría protección policial financiada por el Estado para esta visita. Fuentes gubernamentales incluso sugieren que el anuncio previo de sus planes familiares pudo interpretarse como una forma de presionar a las autoridades para reconsiderar la decisión.
Dentro del entorno real también existe malestar porque el Palacio de Buckingham aún no habría recibido una respuesta definitiva sobre la oferta realizada al duque para alojarse en una residencia real. Esa propuesta buscaba precisamente aliviar las preocupaciones de seguridad que han dominado el debate.
Mientras tanto, las posibilidades de que Carlos vea a Archie y Lilibet durante esta visita parecen reducirse drásticamente. De confirmarse la ausencia definitiva de Meghan y los niños, el esperado reencuentro familiar volvería a quedar aplazado, prolongando una separación que ya supera los cuatro años y que sigue simbolizando la profunda fractura entre Harry y la institución que dejó atrás.


