La historia de Virginia Giuffre, la mujer que se convirtió en uno de los rostros más conocidos de las denuncias contra Jeffrey Epstein y que protagonizó la fotografía que precipitó la caída pública de Andrew Mountbatten-Windsor, vuelve a ocupar titulares internacionales. Esta vez, el foco no está en las acusaciones que sacudieron a la monarquía británica, sino en la feroz disputa judicial que se libra por su patrimonio tras su fallecimiento.
El esposo de quien estaba separada y una de sus hijas han sido incorporados oficialmente al proceso legal que determinará quién administrará y heredará una fortuna cuyo valor exacto sigue siendo desconocido. Entre los activos figura la multimillonaria compensación obtenida tras el acuerdo alcanzado con Andrew, una cifra que habría ascendido a unos 12 millones de libras esterlinas.
El conflicto enfrenta a los hijos adultos de Giuffre con dos mujeres de su máxima confianza: su abogada Karrie Louden y la que fuera durante años su cuidadora y ama de llaves, Cheryl Myers. Ambas sostienen que Virginia dejó por escrito sus deseos antes de morir y que ese documento debe ser reconocido legalmente como testamento.
Sin embargo, los familiares directos cuestionan la validez de esas instrucciones y argumentan que nunca fueron concebidas como un testamento formal. Se desprende de la información publicada que los tribunales australianos deberán decidir no solo quién administrará la herencia, sino también si ese documento informal tiene fuerza legal suficiente para definir el destino de los bienes.
La controversia adquiere una dimensión aún mayor porque coincide con una renovada presión sobre Andrew Mountbatten-Windsor. En paralelo, han resurgido interrogantes sobre correos electrónicos entregados hace años al Palacio de Buckingham y relacionados con sus actividades como enviado comercial. La combinación de ambos asuntos vuelve a colocar el nombre del ex príncipe en el centro de una tormenta mediática que parecía lejos de extinguirse.
Mientras tanto, todas las miradas se dirigen a la próxima audiencia judicial, donde comenzará a definirse el futuro de una herencia marcada por el dolor, la polémica y uno de los mayores escándalos de las últimas décadas.

