Andrew Mountbatten-Windsor vuelve a situarse en el centro de la polémica tras el inquietante incidente ocurrido cerca de su nueva residencia en la finca de Sandringham, en Norfolk. El ex duque de York, apartado de la vida pública y despojado de gran parte de sus privilegios reales, habría solicitado revisar urgentemente su esquema de protección después de que un hombre con pasamontañas supuestamente se acercara de manera amenazante mientras él paseaba a sus perros.
El episodio, ocurrido el miércoles por la noche, provocó una inmediata intervención policial. Según señala la información publicada, Alex Jenkinson, de 39 años, fue arrestado y acusado de dos cargos relacionados con comportamiento amenazante, abusivo o intimidatorio, además de negarse a proporcionar una muestra de sangre bajo custodia policial. Aunque Andrew no sufrió heridas físicas, personas cercanas aseguran que quedó profundamente alterado por lo sucedido.
El incidente reabre una discusión extremadamente sensible dentro de la monarquía británica: la protección del príncipe caído en desgracia. Andrew perdió oficialmente su seguridad financiada por el Estado después de ser apartado de sus funciones reales y tras el devastador escándalo relacionado con Jeffrey Epstein y Virginia Giuffre, caso que terminó con un millonario acuerdo extrajudicial sin admisión de culpabilidad.
El hermano del rey Carlos considera ahora insuficiente el sistema privado de seguridad con el que cuenta actualmente. Aunque todavía dispone de escoltas contratados, fuentes cercanas afirman que el episodio vivido en Sandringham demostró graves vulnerabilidades en torno a su protección personal.
La situación resulta especialmente incómoda para el Palacio de Buckingham. Andrew sigue siendo una de las figuras más tóxicas para la imagen pública de la institución y cualquier intento de restaurar privilegios financiados con dinero de los contribuyentes podría provocar una fuerte reacción política y mediática en Reino Unido. Sin embargo, el temor dentro del entorno del ex príncipe parece haber aumentado considerablemente tras el incidente.
El antiguo duque cree que su condición de miembro de la Familia Real y el nivel de amenazas que enfrenta justifican una revisión inmediata de sus medidas de seguridad. Todo esto ocurre mientras el rey Carlos intenta mantener estabilidad dentro de una institución golpeada por enfermedades, divisiones familiares y escándalos que continúan persiguiendo a la Corona.
El episodio también revive el debate sobre cuánto debe seguir involucrándose el Estado británico en la protección de figuras reales alejadas oficialmente de sus funciones públicas. Para muchos críticos, Andrew perdió ese derecho hace años. Para otros, la amenaza sufrida en Norfolk demuestra que, pese a todo, sigue siendo un objetivo potencial debido a su apellido y a su pasado dentro de la monarquía.

