Durante años, la figura de Andrew se sostuvo entre privilegios, silencios y una protección institucional casi inquebrantable. Sin embargo, ahora son precisamente las voces desde dentro las que dibujan un retrato mucho más áspero del hijo de Elizabeth II, en un momento en que su futuro dentro de la monarquía pende de un hilo.
Según señala el Mirror, varios exempleados del Palacio de Buckingham coinciden en una descripción tan contundente como incómoda: Andrés era considerado “arrogante, grosero y despectivo” en su trato cotidiano. No se trata de rumores aislados. Se desprende de la información publicada que figuras clave como el ex portavoz Dickie Arbiter, quien durante años protegió la imagen de la Corona, expresó alivio al no tener que responder más por su comportamiento.
El contraste resulta aún más llamativo cuando se comparan estas impresiones con las de otros miembros de la realeza. Mientras Arbiter y otros profesionales describen a Carlos III como un trabajador incansable y educado, o recuerdan con afecto la cercanía de Princess Diana, el perfil de Andrés emerge marcado por tensiones y episodios incómodos.
Dai Davies, antiguo responsable de la seguridad real, relató episodios en los que el duque mostraba impaciencia y desprecio por la jerarquía, mientras que otros testimonios describen escenas de trato brusco hacia el personal. El medio plasma que estas experiencias no solo quedaron en los pasillos del palacio, sino que hoy alimentan el debate político.
En Westminster, la presión crece. Parlamentarios como Chris Bryant y Ed Davey han endurecido el tono, calificando su conducta de vergonzosa para el país, mientras se plantea incluso su exclusión formal de la línea de sucesión. Todo ello revive el impacto de sus vínculos con Jeffrey Epstein, un episodio que continúa proyectando una larga sombra.
En este contexto, la figura de Andrés ya no es solo un problema personal, sino un desafío institucional que obliga a la monarquía a redefinir sus límites, su transparencia y su credibilidad ante una opinión pública cada vez menos indulgente.


