La calma aparente de la familia real británica vuelve a resquebrajarse. Las princesas Beatriz y Eugenia, durante años figuras discretas pero constantes en los actos oficiales, atraviesan uno de los momentos más delicados de su vida pública, marcadas por el peso del escándalo que envuelve a sus padres y la creciente presión mediática.
Según señala el medio Mirror, ambas hermanas estarían profundamente molestas por la falta de apoyo explícito del Palacio de Buckingham, especialmente tras la difusión de los llamados “archivos Epstein”, que han reavivado viejas polémicas. Aunque no existe acusación alguna contra ellas, el simple vínculo familiar ha bastado para colocarlas bajo un foco incómodo y persistente.
Tal como apunta la información publicada, el contraste es evidente: hace apenas tres meses caminaban con naturalidad junto al resto de la familia real en Sandringham durante la Navidad; hoy, su presencia en eventos clave pende de un hilo. La Pascua, una cita tradicionalmente simbólica para la monarquía, podría convertirse en el termómetro definitivo para medir su lugar dentro del círculo más cercano del rey.
Se desprende además que el príncipe William estaría particularmente atento al pulso de la opinión pública, priorizando la protección de la institución incluso si eso implica marcar distancia con sus primas. La posibilidad de que no asistan a eventos como Royal Ascot alimenta aún más las especulaciones sobre un alejamiento progresivo.
Mientras tanto, el contexto familiar no ayuda. Su padre permanece recluido tras recientes escándalos, y su madre enfrenta presiones legales en Estados Unidos, lo que intensifica la sensación de aislamiento. Fuentes cercanas sugieren que las princesas temen que este silencio institucional sea el preludio de decisiones más drásticas sobre su rol y estatus.
La incógnita es inevitable: ¿se trata de una estrategia temporal o del inicio de una ruptura más profunda dentro de la Casa Windsor?


